Angélica Gutiérrez Torres
SINTESIS: ANGÉLICA GARCIA GARCÍA
En la historia de México existen hechos políticos de asesinatos colectivos que revelan la naturaleza autoritaria del poder, la falta de democracia y de libertades políticas y cuyo recuerdo aviva al pueblo a participar en la actividad política, a reelaborar su historia, cantar nuevas canciones y en fin, a tomar su pasado como punto de partida para impulsar el cambio político. La represión a los estudiantes en el mitin de la Plaza de las Tres Culturas es uno de ellos. En efecto, la sociedad vivía asfixiada por la antidemocracia, el grupo en el poder no permitía la existencia de verdaderos partidos de oposición, las elecciones eran manipuladas para que siempre triunfara siempre el mismo partido político, no existía libertad de prensa, de manifestación, ni se permitía a los obreros ejercer sus derechos de huelga, sindicalización y organización.
El 2 de Octubre de 1968 en Tlatelolco hubo un parteaguas en la historia de los movimientos sociales cuando se tendió una emboscada en contra de quienes el gobierno calificó como “enemigos de México” al pretender justificar su proceder. Se calculan 500 los muertos, más de 300 los encarcelados y un número indefinido de desaparecidos, acabando con el sueño de libertad y democracia estudiantil. Esto convierte al hecho en un análisis obligatorio para entender el comportamiento del gobierno y del partido en el poder durante las crisis no solo económicas sino políticas que ha tenido el país.
A juzgar por el contenido y alcance del pliego petitorio, en realidad el movimiento estudiantil era en cierta forma, inofensivo; sólo tenía exigencias relacionadas con las libertades democráticas, su satisfacción no hubiera provocado un mayor problema. Sin embargo, en virtud de que atentaba contra el “sagrado principio de autoridad”, fue enfrentado con la torpeza, a través de la represión policiaca y militar, en vez de buscar una salida política que tanto bien hubiera hecho al país.
Las clases en las escuelas fueron sustituidas por un intenso activismo político que duró 160 días de movilizaciones. Al principio los medios de comunicación censuraban todas las noticias, por lo que existía la necesidad de transmitir los hechos de diversas formas ya fuera con boletines repartidos casi en la clandestinidad o haciendo uso de la música mexicana para tener sus propios corridos adaptados a la música de los ya tradicionales, donde se plasma la intensa lucha no solo en los sitios donde se informaba a la gente, o en las manifestaciones, sino también en las escuelas.
Ante el mundo se intentó justificar la matanza de estudiantes como el único recurso, pues se decía que era imposible dialogar con los jóvenes, pero la sociedad nacional e internacional se dio cuenta de la intolerancia de la clase política en el poder, que por movimiento social veía centros subversivos, de vicios o prostíbulos donde se les atacaba su forma de ejercer el poder desde el punto de vista de los estudiantes, quienes se preparaban para forjar un futuro basado en la democracia, abriendo un camino diferente a las clases sociales del país diciéndoles que su papel no era el de sumisión y de ejercer el papel oficial que dictaba la historia de la revolución, adoptando papeles que denigran y empobrecen más a la población tanto urbana como rural.
El escenario de la tercera traición, la Plaza de las Tres Culturas; la fecha, dos de octubre de 1968; el motivo, la rebeldía y la combatividad por parte del CNH que celebraba un mitin en ese sitio. Las razones tal vez no se sepan nunca, aunque los culpables tengan nombres y apellidos, y la verdad sea un secreto a voces.
Desde el punto de vista del gobierno, la matanza de Tlatelolco era respuesta a la supuesta agresión por parte de los estudiantes, pero en realidad esa era la única forma de controlar a ese sector de la población que se había salido de las estructuras marcadas y determinadas por el Estado, de cómo se tiene que comportar el pueblo. Era la matanza el ejemplo más ilustrativo –aunque él más sangriento- de lo que podía pasarle a toda la nación si levantaba la voz para manifestarse en contra de las políticas instauradas por el gobierno. Pero también dentro del Estado, con uno de sus ejes de poder que es el ejército, internamente se luchaba por alcanzar un mayor poder, y el medio de ganarle al enemigo era eliminarlo. Es así como comienza una de las escenas más dolorosas para la sociedad mexicana.
El 2 de octubre había en la Plaza de Tlatelolco cuatro batallones: uno apostado en la Plaza casi junto a los estudiantes; el otro sobre la avenida Reforma; otro en calles aledañas a la Plaza para formar una tijera para que tomaran prisioneros a los integrantes del Consejo Nacional de Huelga con la orden de no disparar a menos que los estudiantes comenzaran la agresión; pero también se encontraba el Batallón Olimpia vestido de civil pero con la distinción de portar una pañoleta blanca en el brazo o tener un guante blanco. Estos estaban distribuidos como francotiradores por todos lados, dentro de la iglesia, en los edificios, en pasillos, marquesinas, en toda la Unidad Habitacional y sus alrededores. Son estos quienes, cuando cae una luz de bengala, comienzan a disparar, mientras los soldados cuyo General a cargo cae herido responden a esta agresión, quedado los estudiantes del mitin entre dos fuegos. Todos huían, todo era confusión, los mismos soldados detienen a sus compañeros del Batallón Olimpia por andar de civiles, pero estos se logran identificar y continúan sus acciones.
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